Aunque son odiosas las
comparaciones, cabe indicar que yo me eduqué en un Colegio Militar (COMIL -1 de
Quito), y aunque utilice una frase cliché pero “en mis tiempos eran muy
diferentes las cosas”. Recuerdo que para iniciar mi día en primer curso (8vo de
básica ahora), necesitaba esta dosis: un “abrazo de oso” de mi padre y unas dos
bendiciones de mi madre para aguantar mi día. Desde tomar mi recorrido con
otros cadetes, era un momento formal, los hacíamos bien uniformados, en orden de antigüedad
en donde el más antiguo daba el ejemplo al resto y todos saludábamos dando la
mano. Al bajarme el más antiguo pasaba revista de aseo, calzado y útiles de revista. Los anotados
sabían que se despedían del recreo pues tenían ejercicios físicos que cumplir.
Si algo exagero o falto a la verdad, un “Pura sangre” sabe de lo que hablo.
Fueron estas cosas que formaron
mi carácter, es así que años después me sentí tan identificado con el personaje
de Forest Gump en su periplo por la milicia y que a pesar de su bajo coeficiente
intelectual, encajó tan bien en el ejército, tanto, que le creían genio. No
quiero decir con esto, que en el ejército es para tontos, al contrario, el ejército
es para los disciplinados. Si uno quiere tener éxito en la vida, la disciplina
es un factor preponderante pues este simple valor nos hace ordenados,
constantes, dedicados, trabajadores y planificados. La disciplina nos permite
adaptarnos más fácil a cualquier situación o entorno y como dice mi padre: “el
hombre inteligente resuelve problemas, se adapta rápido y hace amigos”.

Como predica el filósofo, Humberto
Maturana en su teoría de la “Biología del Amor” lo que busqué fue involucrarme en
la educación de los estudiantes, tratar de ser el amigo y comprender mejor la
psicología de los cadetes de hoy en día desde un punto de vista más humano. Un
año no es suficiente pero algo se hizo: Participamos de 5 competencias
atléticas de 5 y 10 km, fuimos a la Escuela Superior Militar “ELOY ALFARO” con
los brigadieres y palparon un poquito de la vida militar, se retomó la
competencia Cadete de Acero, se dictaron charlas para prevenir el bullying y el
uso de sustancias indebidas, se hicieron mingas, se ordenó el ingreso de
vehículos al colegio haciendo un parqueadero de busetas y otro para padres de
familia, con los brigadieres se montaron actividades para recaudar recursos y
remodelar los cabos y las barras estáticas, gracias a la colaboración del
presidente del Consejo Estudiantil se pintaron las canchas deportivas, se
inició el proyecto de reciclaje de botellas plásticas que contribuyen a
disminuir la basura dentro del plantel. En fin, algo se hizo.
Hoy me despido con una consigna a
mis 2643 cadetes: “Honren a sus familias”, honren su apellido con humildad, trabajo,
constancia y sacrificio. Nada es fácil en la vida, todo demanda esfuerzo,
largas noches sin dormir y mucha dedicación. Si algo lo obtenemos fácil, nunca
lo valoraremos porque no entendemos cuánto nos costó conseguir. Gracias a los
directivos por permitirme trabajar confiando en mis capacidades y talento. Reconocimiento
a los docentes por ser parte de la formación de los mejores estudiantes de la
Provincia del El Oro. Dios le pague al personal administrativo y de apoyo por brindarme su
colaboración en cada disposición emanada. Pero de sobre manera un reconocimiento especial para aquellos soldados de bien que día a día se visten de paciencia y de forma admirable se entregan a sus cadetes para sacar de ellos lo mejor. Gracias a los bares, porque no solo alegran esta abultada barriga, sino alimentaron mi espíritu con amor haciéndome recordar los olores y sabores de la comida de mi madre.
Sí tuve errores, exabruptos y pido mil disculpas si me excedí al pretender cambiar de la noche a la mañana a cadetes indisciplinados. Mis errores los asumí con frontalidad, viendo a los ojos y sin esconder la mano. Cada experiencia es un aprendizaje y yo sigo aprendiendo hasta el día que deje de respirar.
Sí tuve errores, exabruptos y pido mil disculpas si me excedí al pretender cambiar de la noche a la mañana a cadetes indisciplinados. Mis errores los asumí con frontalidad, viendo a los ojos y sin esconder la mano. Cada experiencia es un aprendizaje y yo sigo aprendiendo hasta el día que deje de respirar.
Dios, Patria y El Nacional
Marco Antonio Granja
Capt. de A.